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miércoles, 9 de diciembre de 2009

Noticia - Temor 2012


Uno de los estrenos cinematográficos de la temporada es ´2012´, una película que recrea una catástrofe mundial teóricamente anunciada en las profecías de los mayas. La ficción, que arrasa en taquilla, no está reñida con las expectativas de miles de personas que, como ha sucedido en tantas épocas, esperan la llegada definitiva del fin del mundo. Para el teólogo José de Segovia, el cíclico regreso a esta temática refleja el trascendental miedo a la muerte y al fin de nuestra existencia humana.

Dirigida por el alemán Roland Emmerich, que parece tener una fijación especial con destruir el planeta cada cierto tiempo, ´2012´ advierte de un próximo final al llegar el 21 de diciembre del fatídico año. Partiendo de interpretaciones que tienen más relación con la astrología que con la arqueología y la ciencia, se muestra la evidencia profetizada por los mayas, cuyo calendario termina en esta fecha. El fin del mundo estaría, esta vez sí, muy cerca.

TEMOR UNIVERSAL
La literatura de ficción ha aprovechado estas observaciones astronómicas «que en realidad -advierte José de Segovia- son astrológicas» para extender la idea del próximo fin del mundo. La película agrega además una conspiración tramada en las más altas esferas de las que sólo «algunos iluminados son conscientes». Dentro de tres años podremos ver las repercusiones en la población ante el anunciado apocalipsis. En otras ocasiones generó una variedad de reacciones: desde simples anécdotas a terribles sucesos que nos advierten de que el miedo al fin del mundo, por irracional que resulte, sigue entre nosotros.

Tenemos, además, un precedente cercano. Al acercarse el año 2000 se alzaron muchas voces pronosticando el fin. Y aunque éste no llegó, los temores se acrecentaron tras los atentados del 11-S. La pseudociencia no dejó pasar semejante suceso y buscó en algunos escritos de Nostradamus el pronosticado ataque, desatando otra vez la fiebre esotérica, capaz de encontrar profecías y avisos de nuestro próximo final en escritos medievales, murales antiquísimos o en mensajes codificados en clave numérica.

El problema a veces pasa de lo anecdótico a lo trágico. La secta de Uganda «Restauración de los Diez Mandamientos de Dios» encerró a sus seguidores para darles fin en un acto de suicidio colectivo. Esperaban el fin del mundo y para ellos, desde luego, llegó. Pocos años antes, en 1997, 39 miembros de la secta La Puerta del Cielo se quitaron la vida en la mansión en la que residían en San Diego (California) para que los extraterrestres llevaran sus almas a una nave espacial y evitar así el Armagedón que pronto caería sobre la Tierra. «Prefiero apostar en perder el autobús hacia el cielo que quedarme en este planeta y arriesgarme a perder mi alma. No hemos muerto, simplemente nos hemos mudado de este vehículo que es nuestro cuerpo», decía su líder en una cinta enviada a los medios.

Mas próximo a nosotros se encuentra el miedo ante al acelerador de partículas europeo en el CERN, que comenzará a funcionar a pleno rendimiento en enero del próximo año. Un grupo internacional denominado ConCERNed ha denunciado ante la ONU el proyecto, porque según ellos la máquina puede crear un agujero negro que engulliría la tierra.

¿PASAREMOS DEL 2012?
Así que lo que cuenta Emmerich en su película, de ciencia ficción, a muchos les puede avisar de algo real. El alemán, que cuenta en su currículum con obras como ´Independence Day´ o ´El día del mañana´, reconoce encontrar un atractivo en las catástrofes, capaces de convertir a simples hombres en héroes en la lucha por la supervivencia. En ´2012´ a la desgracia de una catástrofe se agrega «un sentido escatológico», como explica José de Segovia. «Hasta el Himalaya se ve alcanzado por este nuevo diluvio», advertido por el protagonista pero sin respuesta de la gente.

Pero en el fondo de la historia, la pregunta que resurge es «qué haría uno si este fuera su último día sobre la tierra». Para este crítico, «toda tu vida se vería desde otra perspectiva». Es por eso que los protagonistas intentan enmendar errores del pasado, reconciliarse con sus familias y luchar por sobrevivir.

Ante la catástrofe, la película muestra el fracaso de toda institución humana. Entre ellas, las religiones, que sucumben ante la tragedia. «Hay símbolos cristianos y particularmente católicos» que quedan destrozados, «queda exlcluido el islam», probablemente por un temor hacia las reacciones fanáticas, advierte José de Segovia. «La religión tiene muy poco que ofrecer ante la necesidad trascendente y profunda de qué va a ser de nuestra vida ante realidades últimas, ante la muerte», un sentimiento que nutre la presentación de la película.

La película también nos presenta el sueño de una nueva humanidad, una regeneración profunda de la raza. Un tema explotado también en la literatura que «despierta el sueño milenario de qué sería volver a comenzar». José de Segovia apunta que «tristemente el Génesis nos anuncia qué es ese nuevo inicio... La humanidad después del diluvio no fue mejor de lo que era», porque «la maldad sigue primando en el corazón del hombre».

EL APOCALIPSIS BÍBLICO
La Biblia no es ajena a marcar un final, de hecho «se apunta a un desenlace». Para el teólogo, estas profecías «no tienen nada de incierto o inseguro» ya que es «un fin para el que podemos estar preparados». El relato bíblico anuncia cataclismos y cambios con la segunda venida de Jesucristo, que «traerá un cambio profundo, todo va a ser hecho nuevo». Al mismo tiempo «lo que todas las parábolas de Jesús apuntan es lo desconocido de la fecha», por lo tanto, el mensaje de la Biblia sobre el fin es para alentarnos «a estar preparados, viviendo cada día como si fuera el último. Y esa es la pregunta que deberíamos hacernos, cómo viviría hoy si fuera mi último día». Una cuestión que, por incómoda, todos nos esforzamos por evitar.

La Biblia, por tanto, apunta a la esperanza que hay en Jesús. «Él sigue siendo Señor y nada se escapa a su control», así que «los que pertenecen a él no tienen que temer». El problema está en querer «salvarnos a nosotros mismos, como los protagonistas de la película». Por eso, «aunque el fin está anunciado, la esperanza está en Jesús» y los creyentes «debieran ser los que menos temieran al fin y a la muerte».

Para José de Segovia, el mensaje apocalíptico habla de «nuestros grandes temores». Ante un final terrible «sólo hay un arca de salvación en Jesús». Y aunque viene con juicio, también para establecer la justicia en la tierra y reinar. «El mundo será un nuevo mundo, donde la santidad y su gloria cubrirá como las aguas cubren el mar», concl
uye.


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